Como agua para chocolate

Este fue el primer texto erótico del cual tengo memoria.. lo leí cuando estaba en el liceo (o secundaria) y lo encontré simplemente maravilloso. Hoy me encontré con él en una feria del libro y volví a maravillarme con el final del último capítulo.. el cual muestra una sexualidad enérgica y muy metafísica. Es precioso.. Lo dejo para que lo disfruten.
… “Sin necesidad de palabras se tomaron de las manos y se dirigieron al cuarto obscuro.
Antes de entrar, Pedro la tomó en sus brazos, abrió lentamente la puerta y ante su vista
quedó el cuarto obscuro completamente transformado. Todos los triques hablan
desaparecido. Sólo estaba la cama de latón tendida regiamente en medio del cuarto. Tanto
las sábanas de seda como la colcha eran de color blanco, al igual que la alfombra de flores
que cubría el piso y los 250 cirios que iluminaban el ahora mal llamado cuarto obscuro. Tita
se emocionó pensando en el trabajo que Pedro habría pasado para adornarlo de esta manera,
y Pedro lo mismo, pensando cómo se las había ingeniado Tita para hacerlo a escondidas.
Estaban tan henchidos de placer que no notaron que en un rincón del cuarto Nacha
encendía el último cirio y, haciendo mutis, se evaporaba.
Pedro depositó a Tita sobre la cama y lentamente le fue quitando una a una todas las
prendas de ropa que la cubrían. Después de acariciarse y mirarse con infinita ternura,
dieron salida a la pasión por tantos años contenida.
El golpeteo de la cabecera de latón contra la pared y los sonidos guturales que ambos
dejaban escapar se confundieron con el ruido del millar de palomas volando sobre ellos, en
desbandada. El sexto, sentido que los animales tienen indicó a las palomas que era preciso
huir rápidamente del rancho. Lo mismo hicieron todos los demás animales, las vacas, los
cerdos, las gallinas, las codornices, los borregos y los caballos.
Tita no podía darse cuenta de nada. Sentía que estaba llegando al clímax de una manera
tan intensa que sus ojos cerrados se iluminaron y ante ella apareció un brillante túnel.
Recordó en ese instante las palabras que algún día John le había dicho: «Si por una
emoción muy fuerte se llegan a encender todos los cerillos que llevamos en nuestro interior
de un solo golpe, se produce un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que
podemos ver normalmente, y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso y
que muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar
nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando
al cuerpo inerte… Tita contuvo su emoción.
Ella no quería morir. Quería experimentar esta misma explosión de emociones muchas
veces más. Éste sólo era el inicio.
Trató de normalizar su agitada respiración y hasta entonces percibió el sonido del aleteo
del último grupo de palomas en su’ partida. Aparte de este sonido, sólo escuchaba el de los
corazones de ambos. Los latidos eran poderosos. Inclusive podía sentir el corazón de Pedro
chocar sobre la piel de su pecho. De pronto este golpeteo se detuvo abruptamente. Un silencio mortal se difundió por el cuarto. Le tomó muy poco tiempo darse cuenta, de que

Pedro había muerto.
Con Pedro moría la posibilidad de volver a encender su fuego interior, con él se iban todos
los cerillos. Sabía que el calor natural que ahora sentía se iba a ir extinguiendo poco a poco,
devorando su propia sustancia tan pronto como le faltara el alimento para mantenerlo.
Seguramente Pedro había muerto en el momento del éxtasis al penetrar en el túnel
luminoso. Se arrepintió de no haberlo hecho ella también. Ahora le sería imposible ver
nuevamente esa luz, pues ya no era capaz de sentir nada. Quedaría vagando errante por las
tinieblas toda la eternidad, sola, muy sola. Tenía que encontrar una manera, aunque fuera
artificial, de provocar un fuego tal que pudiera alumbrar ese camino de regreso a su origen y
a Pedro. Pero primero era preciso calmar el frío congelante que la empezaba a paralizar. Se
levantó, fue corriendo por la enorme colcha que había tejido noche tras noche de soledad e
insomnio y se la echó encima. Con ella cubrió las tres hectáreas que comprendía el rancho en
su totalidad. Sacó del cajón de su buró la caja de cerillos que John le había regalado.
Necesitaba mucho fósforo en el cuerpo. Se empezó a comer uno a uno los cerillos que
contenía la caja. Al masticar cada fósforo cerraba los ojos fuertemente e intentaba reproducir
los recuerdos más emocionantes entre Pedro y ella. La primera mirada que recibió de él, el
primer roce de sus manos, el primer ramo de rosas, el primer beso, la primera caricia, la
primera relación íntima. Y logró lo que se proponía. Cuando el fósforo que masticaba hacía
contacto con la luminosa imagen que evocaba, el cerillo se encendía. Poco a poco su visión se
fue aclarando hasta que ante sus ojos apareció nuevamente el túnel. Ahí, a la entrada,
estaba la luminosa figura de Pedro, esperándola. Tita no dudó. Se dejó ir a su encuentro y
ambos se fundieron en un largo abrazo y experimentando nuevamente un clímax amoroso
partieron juntos hacia el edén perdido. Ya nunca más se separarían.
En ese momento los cuerpos ardientes de Pedro y Tita empezaron a lanzar brillantes
chispas. Éstas encendieron la, colcha que a su vez incendió todo el rancho. ¡Qué a tiempo
habían emigrado los animales, para salvarse del incendio! El cuarto oscuro se convirtió en
un volcán voluptuoso. Lanzaba piedras y ceniza por doquier. Las piedras en cuanto
alcanzaban altura estallaban, convirtiéndose en luces de todos los colores. Los habitantes de
las comunidades cercanas observaban el espectáculo a varios kilómetros de distancia,
creyendo que se trataba de los fuegos artificiales de la boda de Alex y Esperanza. Pero
cuando estos fuegos se prolongaron por una semana se acercaron con curiosidad.
Una capa de ceniza de varios metros de altura cubría todo el rancho. Cuando Esperanza,
mi madre, regresó de su viaje de bodas, sólo encontró bajo los restos de lo que fue el rancho
este libro de cocina que me heredó al morir y que narra en cada una de sus recetas esta
historia de amor enterrada.
Dicen que bajo las cenizas floreció todo tipo de vida, convirtiendo ese terreno en el más
fértil de la región”